de la Francia de Zidane a la Brasil de Pelé
España ya tiene la segunda estrella y, con ella, un lugar privilegiado en la historia del fútbol. Pero el triunfo en el Mundial 2026 también abre la puerta a un desafío todavía mayor. Dentro de cuatro años, cuando el torneo regrese a la Península de la mano de España y Portugal, junto a Marruecos, la Selección no sólo defenderá el título de campeona, sino que tendrá la oportunidad de firmar una gesta al alcance de muy pocos equipos en más de nueve décadas de Copa delMundo.
España lo celebra al final.LAPRESSE.
La historia del Mundial demuestra que ambos desafíos están reservados para equipos excepcionales. Revalidar una Copa del Mundo es una hazaña casi imposible y levantar el trofeo delante de la propia afición tampoco ha sido una costumbre, pese a las ventajas que supone jugar en casa. Dos objetivos diferentes, con precedentes muy contados y separados por décadas, que convierten a la España campeona en candidata a escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol.
Primer reto: unirse a Italia de Meazza y a Brasil de Pelé
El primero de los grandes retos es conquistar dos Mundiales consecutivos. Una hazaña reservada para muy pocos y tan difícil de alcanzar que algunos futbolistas llegan a verla como el broche perfecto a una carrera. Emiliano ‘Dibu‘ Martínez fue uno de ellos. Tras proclamarse campeón con Argentina en 2022, lanzó un mensaje rotundo: “Si gano el Mundial otra vez en 2026, me retiro”. Finalmente no podrá cumplir aquella promesa. La albiceleste ya no tendrá la oportunidad de entrar, al menos en 2030, en el exclusivo grupo de las selecciones que han revalidado el título mundial. España, en cambio, aspira a conseguirlo después de levantar el trofeo en Nueva Jersey y bordar su segunda estrella en el pecho.
Ese club lo forman únicamente dos equipos que cambiaron la historia del fútbol. El primero fue la Italia de los años treinta. En 1934, al frente de una selección liderada por figuras como Giuseppe Meazza —la leyenda que hoy da nombre al estadio del Inter de Milán— o Enrique Guaita, uno de los oriundi (jugadores nacionalizados), ganaron su primera estrella ante Checoslovaquia. Cuatro años después, en 1938, volvió a imponerse y levantó de nuevo la Copa del Mundo ante Hungría y se convirtió en la primera selección capaz de enlazar dos títulos consecutivos.

Pelé con el Trofeo Jules RimetFIFA
Tuvieron que pasar veinte años para volver a presenciar algo igual. Apareció Pelé. Brasil conquistó los Mundiales de 1958 y 1962 con una generación irrepetible, repleta de talento y liderada por ‘O Rei‘, junto a nombres como Garrincha o Vavá. En Suecia 1958, Edson Arantes do Nascimento apenas tenía 17 años, pero nada le impidió llevar a su selección a la cima del fútbol mundial. Una irrupción precoz que, por su impacto, puede recordar a la que tuvo Lamine Yamal en la Eurocopa de 2024, aunque con una diferencia evidente. Y es que el Mundial sigue siendo el mayor escenario que existe en el fútbol.
Segundo reto: romper la ‘maldición’ de la Francia de Zidane
El segundo reto mira directamente a la historia reciente de los Mundiales. Desde que la Francia de Zinedine Zidane levantó la Copa del Mundo en 1998 ante su afición, ningún país anfitrión ha vuelto a conquistar el torneo en casa. Han pasado casi tres décadas desde la última vez que un estadio local celebró ser campeón del mundo. Desde entonces, ninguno de los países anfitriones —Corea del Sur y Japón en 2002, Alemania en 2006, Sudáfrica en 2010, Brasil en 2014, Rusia en 2018, Catar en 2022 y Estados Unidos, México y Canadá en 2026— lo han logrado. Un hecho que ha dado que hablar y que refleja una especie de ‘maldición’ que parece perseguir a las selecciones anfitrionas en el siglo XXI.
Sin embargo, no siempre ha sido así. A lo largo de la historia del torneo, el ser anfitrión ha supuesto una ligera ventaja que da jugar en casa arropado por su público. El primero de los precedentes llegó con Uruguay en 1930, cuando la selección celeste inauguró el palmarés de los Mundiales levantando el trofeo en Montevideo. Cuatro años más tarde, en 1934, Italia repitió y conquistó el título en Roma. Tras ello, más de tres décadas sin un organizador campeón, hasta que Inglaterra se coronó en Londres 1966. Después, Alemania Federal, en Múnich 1974, y Argentina, en Buenos Aires 1978, se unieron a este club. Por último, Francia. En 1998, en París, el combinado liderado por Zinedine Zidane logró su primer Mundial en París.

Zinedine Zidane y Didier Deschamps, durante la final del Mundial 98.Popperfoto
2030 aguarda a los de Luis de la Fuente para seguir haciendo historia. En el próximo Mundial, con España como parte organizadora, la Selección buscará escribir otra página exitosa en nuestro fútbol que nos coloque en la cima. No obstante, la dificultad que entraña es mayúscula, puesto que la tradición e historia dictan que solamente un puñado de privilegiados pueden unirse a los dos selectos grupos anteriormente explicados. Sin embargo, si hay alguien que puede, es este grupo, tal y como han demostrado.
