¿Un Mundial de 128 equipos? Ningún problema…

¿Un Mundial de 128 equipos? Ningún problema…

El éxito todo lo borra, todo lo tapa y todo lo cura. Y el gran éxito de la selección española en el Mundial de fútbol ha borrado, o ha negado espacio, a la temática previa sobre las inconsistencias de la competición: el precio de las localidades, las distancias entre sedes y su posible influencia en el rendimiento de los participantes, la caída en la ‘media’ de calidad motivada por el aumento de participantes a 48 y los problemas propios de la organización de un evento en los Estados Unidos de Donald Trump y los MAGA: vetos por negativa de visado y la inseguridad jurídica que ello denota, influencia política sobre la FIFA, etcétera.

Es un debate -y el fútbol vive del debate– si tales cosas han sido problemas y hasta qué punto lo han sido. Lo que era una evidencia que se podía dar por hecha sin dudarlo ni un segundo es que a la conclusión del torneo la FIFA iba a proclamar que se había vivido la mejor edición de un Mundial jamás celebrada. Que todo había sido maravilloso, que el dinero había fluido y que estábamos en el mejor de los mundos posibles. Y que ya nos pondríamos a hacer que el futuro Mundial fuera mejor todavía. Y de acuerdo a la moderna teoría económica ortodoxa -si algo va bien hay que repetirlo a mayor escala porque el crecimiento no se puede detener– eso tiene una lectura práctica: si con 48 selecciones el Mundial ha sido un superéxito, con 64 lo será aún más. Para ello se cuenta con otra evidencia: el público del fútbol compra lo que sea, al precio que sea y en cualquier circunstancia.

Lo de los 64 participantes aún no es una propuesta real, pero ya se han lanzado algunos globos sonda. Innecesarios porque la FIFA no precisa ningún acuerdo para aprobarlo y el público comprará la novedad entusiasmado. La polémica sobre la ‘calidad’ del evento al dar entrada a equipos que no se habían clasificado en el anterior formato -es decir, de inferior calidad- es despreciable porque el fútbol no se mide en términos de calidad, sino en cantidad de público atraído y dinero recaudado. Y, organizativamente, un Mundial de 64 selecciones no supondría ningún misterio organizativo. Tampoco lo sería de 128. Es decir, tantos equipos como tenistas hay en un torneo del Grand Slam.

Gianni Infantino, presidente de la FIFAChema Rey

La clave está en algo que el deporte de élite -y también el fútbol- adoptó y desarrolló hace tiempo: las sedes múltiples. Hoy son muchos los torneos continentales y mundiales que se juegan en distintos países. El Mundial de fútbol comenzó con 12 equipos. Se estabilizó con 16 participantes hasta 1978. De 1982 a 1994 hubo 24 equipos, 32 de 1998 a 2022 y 48 en la pasada experiencia.

Vámonos ahora a 128. Si dividimos esos 128 entre ocho tenemos ocho torneos de 16 equipos, que dan para fase de grupos y eliminatorias desde cuartos de final. Cortemos esas eliminatorias tras las semifinales y tendremos que de esos ocho torneos -cada uno en un país diferente- nos quedan 16 equipos. Esos 16 equipos van a un noveno país y juegan una fase más, con cuatro grupos de cuatro, semifinales y final. Y ya tenemos sencillamente organizado un Mundial con 128 equipos que acaba con su campeón, su finalista, su tercero y su cuarto.

¿Cuanto puede durar eso? Bueno. El Mundial de México 1970, último con el formato que ahora podría repescarse duró 22 días -el de EE.UU 2026 ha durado 39– pero incluso podría acortarse: con partidos cada tres días se podría concluir cada fase en 15 días, demos una semana de descanso para el traslado a la fase final, añadamos cuatro días más para una final y un tercer puesto y otros 19 días más. En total, 41 días: sólo dos más que el pasado Mundial. Y si decidimos que es excesivo, reduzcamos la transición a cinco días -ya no estamos en los años 50, cuando para cruzar el Atlántico en avión se tardaban dos días- y tendremos los 39 actuales. Obviamente, las fases de clasificación tendrán que seguir existiendo porque habrá que clasificar a 120 equipos, dado que cada una de las primeras fases tendría a su anfitrión clasificado de oficio como siempre.

¿Qué desventajas encontramos? ¿Que la ‘calidad’ caería? ¿Pero qué es esa entelequia de la ‘calidad’ ante lo que supondría volver a ver en unos Mundiales a Italia, o atraer a China, quizá a la India y su mercado de más de mil millones de espectadores y que equipos como Arabia Saudí, otra vez Qatar o Argentina puedan ser locales de unos torneos, además, más baratos que las organizaciones actuales? ¿Se imaginan la millonada de derechos de televisión que se moverían. Porque como decimos, el público del fútbol lo compra todo, siempre y lo que sea.

Yo, ya les digo: no veo más que ventajas. Si tuviera que apostar por algo, que no apuesto, un Mundial de fútbol de 128 equipos sería una de mis primeras opciones.

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