El fútbol, sin la gente que va al estadio y sin la gente que lo ve desde casa, no sería fútbol
En una época en la que el fútbol se consume a golpe de estadísticas, resultados y titulares instantáneos, Iker Ruiz del Barco ha logrado destacar por una mirada diferente. Conocido por millones de aficionados como @elefutbol, este periodista vizcaíno se ha convertido en una de las voces más influyentes del panorama deportivo digital gracias a una forma de contar el fútbol que pone el foco en las personas, las emociones y las historias que se esconden detrás de cada partido.
Con más de diez millones de seguidores en sus redes sociales, una comunidad construida a partir de la pasión y la autenticidad, Iker Ruiz del Barco ha revolucionado la narrativa futbolística en español. Sus vídeos, que acumulan millones de visualizaciones, han demostrado que el fútbol es mucho más que un marcador: es memoria, identidad, sacrificio, alegría, frustración y superación. Una visión que le ha valido el reconocimiento del público y de la industria, con distinciones como el premio TikTok Star 2024.
Tras el éxito de ‘La vuelta al fútbol en 80 historias’, el creador de contenido y periodista deportivo regresa a las librerías con ‘Sentir los colores’ (Temas de Hoy), un libro que invita a mirar este deporte desde el corazón. A través de relatos reales y profundamente humanos, la obra transforma los colores de las camisetas, los escudos y las gradas en símbolos universales de sentimientos compartidos por millones de personas en todo el mundo.
Porque, como defiende Iker Ruiz del Barco, el fútbol no solo se juega con los pies, también se vive a través de las emociones que despierta. En ‘Sentir los colores’, el autor explora precisamente esa dimensión más íntima del deporte rey, recordándonos que detrás de cada victoria, cada derrota y cada sueño hay historias capaces de emocionarnos mucho más allá de los 90 minutos.
Carátula de ‘Sentir los colores’.
PREGUNTA. Tras el éxito de ‘La vuelta al fútbol en 80 historias’, ¿en qué momento siente que necesitaba dar un paso más hacia lo emocional con ‘Sentir los colores’?
RESPUESTA. Es verdad que estamos en un momento en el que la gente disfruta más de lo que es el fútbol en general y aprecia a futbolistas de equipos que no son el suyo, pero sigue habiendo, como siempre ha habido y siempre va a haber, una pasión muy extrema con unos colores muy marcados donde mucha gente va a muerte con un equipo y se generan discursos de odio. ‘Sentir los colores’ llega en un momento en el que lo que a mí me gusta es apreciar las historias y el valor humano que hay detrás de cada victoria, de cada derrota, de cada gol… Yo creo que el fútbol necesitaba algo así y quería mostrar a la gente mi manera de ver el fútbol desde el prisma de las emociones.
P. El libro parte de una idea sugerente: ponerle color a las emociones. ¿Cómo nace ese concepto y qué le permitió contar que antes no podías?
R. En mi primer libro, ‘La vuelta al fútbol en 80 historias’, yo quería tocar muchos países, mostrar muchas realidades sociales diferentes, incluso también muchas realidades políticas diferentes, pero ‘Sentir los colores’ nace con la inquietud de mostrar las emociones sin importar el origen de las historias. Si contaba muchas historias de un mismo país, pues contaba muchas historias de un mismo país. En este libro me he centrado en esas emociones y en esos sentimientos que nos transmite el fútbol. Y mientras en mi primer libro me enfoqué en contar historias de diferentes partes del mundo, en que las historias estuviesen repartidas por el mundo, en este segundo libro me he podido enfocar en lo que son las historias humanas, en las emociones y los sentimientos. Entonces, me daba igual si había varias historias de un mismo país o si un país se quedaba sin salir en el libro, porque me he centrado mucho más en lo que son las emociones y los sentimientos.
P. En sus contenidos siempre hay una mirada muy humana del fútbol. ¿Por qué cree que las historias personales conectan más que los resultados o los datos?
R. Porque nos vemos representadas en ellas. Fíjate, a mí me hizo ser conocido el vídeo de Roberto Baggio, el vídeo de un futbolista fallando un penalti en la tanda de penaltis en la final de un Mundial, aquella imagen suya con los brazos en jarra. Yo creo que muchos nos vimos representados en aquella imagen en algún momento de nuestra vida y, por eso, después mucha gente utilizó mi vídeo para hacer representaciones de su vida diaria porque conectaron con el sentimiento de Roberto Baggio, conectaron con ese sentimiento de tristeza y decepción personal. Entonces, diría que conectamos mucho más con esas historias, con ese factor humano que todos tenemos, unos más, otros menos, esa empatía que conecta con un futbolista, sea del equipo que sea, cuando es protagonista de alguna historia como las que cuento en el libro.
P. ¿Recuerda alguna historia del libro que le haya marcado especialmente durante el proceso de escritura?
R. Muchas. Una que me gustó mucho que fue el famoso abrazo entre Santi Cañizares y Oliver Khan, aquel abrazo después de aquella tanda de penaltis en la final de la Champions. Khan vio a Cañizares derrotado en el suelo y decidió ir a consolarle en vez de ir a celebrar la victoria con sus compañeros. Yo creo que el propio Khan se vio reflejado en Cañizares, que un portero como él acababa de sufrir una de las situaciones más injustas como fue perder una final en una tanda de penaltis. Y ese sentimiento de derrota, de tristeza tan profundo, creo que el propio Khan se vio reflejado en él y la imagen abrazando a Cañizares fue increíble. Luego hay otra historia de una joven portera africana llamada Fatim Jawara, que fue en busca de su sueño, que era jugar en el fútbol italiano, viajó en patera y tristemente nunca llegó a Italia. Ese sueño perdido en medio del mar, esa crueldad que tiene la vida con algunas personas, me marcó mucho, sobre todo cuando tuve que investigar más sobre la historia, me dejó ese sentimiento de injusticia que a veces tiene la vida con gente que simplemente tiene la ambición de poder cumplir su sueño y se enfrenta a una serie de obstáculos a la que la mayoría de personas en otras partes del mundo no tienen que enfrentarse. Estas dos historias son de las que más me han marcado, pero la verdad es que me apasionan todas las que cuento en el libro.
P. Habla de ilusión, rabia, respeto o superación… ¿Cuál es el ‘color’ que más te ha costado traducir en palabras?
R. El rojo. La rabia, esa pasión desmedida que unas veces se traduce en actos positivos y otras se traduce en actos negativos, como por ejemplo el cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi. Zidane es mi mayor ídolo, pero nunca me pude explicar por qué hizo aquello en la final del Mundial. Un tipo tan experimentado, tan veterano como Zidane, nunca me pude explicar por qué le pegó aquel cabezazo a Materazzi. De hecho, en el libro lo cuento, que aquella tarde de 2006 estaba viendo la final con mis padres y con unos amigos de mis padres y que cuando ocurrió aquello me quedé congelado, porque no me podía creer que alguien al que yo percibía como un dios hubiese cometido ese error, en el que además fue el último partido de su carrera. Fue tremendo. Entonces, a día de hoy me sigue costando buscarle una explicación a por qué lo hizo. A mí me cuesta mucho traducir en palabras todo eso, por eso el color rojo, esa rabia, es la que más me cuesta traducir en palabras porque tampoco soy una persona muy pasional, aunque mezclo la pasión con el sentimiento, con las emociones, y no tanto con esa rabia.
P. ¿Cree que el fútbol actual está perdiendo esa conexión emocional que reivindicas o, por el contrario, sigue más viva que nunca?
R. No quiero que suene muy pretencioso esto que voy a decir, pero al menos yo, en lo que es mi pequeño universo, el universo de las redes sociales, que entiendo que no lo es todo, pero a raíz un poco de cómo empecé a ver el fútbol o de cómo empecé a mostrar a la gente cómo es el fútbol, ha habido muchísima gente que se ha animado a observar el fútbol con una cierta sensibilidad, a valorar las historias, a apreciar todo lo que pasa tanto dentro como fuera del terreno del juego… Siempre está el estigma de que el fútbol es un deporte para brutos, pero está volviendo esa sensibilidad, ese sentimiento, gracias sobre todo a las redes sociales y a los jóvenes.
P. En el libro aparecen tanto historias de victoria como de derrota. ¿Qué enseñan más al aficionado: los triunfos o las caídas?
R. La mayoría de la gente dice que se aprende mucho más de una derrota que de una victoria, pero creo que de las victorias también se puede aprender mucho, sobre todo cuando esas victorias se producen de manera continua a lo largo del tiempo. Por ejemplo, grandes victorias como el sextete del Barça de Pep Guardiola, las tres Champions consecutivas del Real Madrid o el triplete del PSG de Luis Enrique la pasada temporada nos enseña que hoy en día el fútbol es más de los entrenadores que de las grandes estrellas. Los jugadores ya están a un nivel físico tan alto y son tan buenos técnicamente que casi lo más diferencial, más que las fichas de ajedrez, es el ajedrecista. No obstante, también es verdad que de las derrotas se aprende mucho. Entonces, diría que las dos.
P. ¿Qué papel juega la grada, la afición, en ese ‘sentir los colores’ que propone?
R. Juega un papel fundamental. Para mí son los protagonistas de cualquiera de las historias, más allá de los nombres, de las fechas y de los datos, porque el fútbol, sin la gente que va al estadio y sin la gente que lo ve desde casa, no sería fútbol, sería otra cosa muy diferente. Entonces, creo que los aficionados son los que le dan sentido a todo esto, porque sin ellos no se hablaría de fútbol, no se contarían historias, no se gritarían los goles… Y no habría nada más triste que un estadio sin celebrar goles, sin cantar canciones, sin animar a su equipo… Yo no me lo imagino. Y por eso me ha dado tanta pena las últimas veces que he ido al Santiago Bernabéu o a otros estadios que son ya más atracciones turísticas que estadios de fútbol. Los aficionados son los que dan sentido al fútbol y, sin duda, son los protagonistas de ‘Sentir los colores’.
P. Ha conseguido conectar especialmente con el público joven. ¿Qué cree que busca esta generación en el fútbol que quizá no encontraba antes?
R. Es una muy buena pregunta. Creo que los jóvenes están descubriendo cómo era el fútbol antes y están demandando cosas del fútbol de antes. Creo que ahora, a raíz de las redes sociales, hay mucha nostalgia, que es algo que está muy de moda. Están volviendo modas antiguas y lo de las camisetas retro es un ejemplo muy claro. Los jóvenes están demandando más cosas como las de antes y aborrecen las de ahora. Si lo piensas, tampoco hay grandes estrellas como las que había antes o gente con ese aura, con esa grandeza como la que había antes. Ahora parece que todas las estrellas de este fútbol actual, de este fútbol moderno, están todas sacadas de TikTok, viven por y para los montajes que les hacen en TikTok. Creo que los jóvenes están demandando mucho más ese fútbol de antes, ese fútbol de los 90, de principios de los 2000, que era un fútbol muy diferente y más real.
P. Más allá del fútbol, ¿qué cree que puede aprender alguien que no sea especialmente aficionado a este deporte al leer tu libro?
R. Puede aprender que un partido de fútbol dura más de 90 minutos. Lo que pasa en el campo dura 90 minutos, pero los recuerdos y las historias son para toda la vida. Alguien a quien no le gusta el fútbol puede aprender eso, que el fútbol solo es una excusa para juntarnos con los amigos, una excusa para reír, una excusa para llorar… Una excusa para todo en general. El fútbol es una especie de microcosmos donde todas las emociones y los sentimientos que podemos experimentar a lo largo de nuestra vida se pueden experimentar en 90 minutos. Y también en todas aquellas cosas que pasan fuera del terreno del juego y de los vestuarios. Eso es lo apasionante y eso es lo que me gustaría que la gente descubriese leyendo ‘Sentir los colores’.
P. Si tuviera que resumir ‘Sentir los colores’ en una sola emoción, ¿cuál sería y por qué?
R. Uf, en una sola emoción… Lo definiría como pasión, porque dentro de la pasión puede haber muchas cosas. Entonces, ‘Sentir los colores es pasión’ porque la pasión tiene muchas formas.
