Se trata mal a los abueletes
Antonio y Mariano son dos amigos, de 75 y 78 años, que viven en una residencia de ancianos y que, tras perder a Ezequiel, el tercer miembro de su equipo de petanca, descubren que sus cenizas irán a un cenicero común. Para evitarlo y cumplir una última promesa…
Hasta ahí se puede (y se debe) contar.
Porque ‘El Triplete’, cortometraje ganador de la sexta edición del certamen Audi Future Stories, fue presentado este viernes en el marco del Festival de Cine de San Sebastián… justo antes de llegar a las correspondientes plataformas.
Conviene atender a la petanca, siquiera sea durante un párrafo, que por ahí viene la relación establecida entre el guion de Rodrigo Olmedo y el mundo del deporte. Aclara la propia web de la Federación española que “el origen de los juegos de bolas se remonta a la noche de los tiempos“, aunque por lo visto fueron los romanos quienes “privilegiaron la habilidad con la idea de un objetivo al que había que aproximarse”. Hasta 1907, en todo caso, no nació el juego sin impulso, entendido como verdadera petanca. Su nombre vendría de la expresión ‘pieds tanquees’. En castellano, pies plantados.
Pero la historia primero escrita y después dirigida por Rodrigo Olmedo exhibe mucho más que petanca: tiene elementos de ‘road movie’, ofrece ironía en dosis adecuada… e invita a una necesaria reflexión sobre el papel de la tercera edad.
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A la que en teoría pertenecen Karra Elejalde y Kandido Uranga, protagonistas del corto (con Biel Durán completando elenco). El primero, con sus dos Goya como actor de reparto a cuestas (por ‘También la lluvia’ y por ‘Ocho apellidos vascos’) y haciendo doblete en el Festival (‘Arriba Tutto’, de José Mota); el segundo, con el ‘pelotazo’ que ha supuesto tras una extensa trayectora la reciente ‘Maspalomas’. Karra y Kandido se sientan con MARCA para lo que se supone será entrevista pero, las cosas como son, termina siendo divertida charla entre ellos…
– “La verdad es que nunca habíamos jugado a la petanca”
– “Pero es muy intenso, ¿eh?”
– “Sí, pero rodando nunca tienes tiempo. Bueno, delante nuestro tiraron dos que juegan y observamos cómo lo hacían, nada más. No ha sido ‘voy a ir a un cursillo o a que alguien nos enseñe’. Hemos visto mil veces a los abueletes y sabemos que consiste en que tu bola tiene que estar lo más cerca del boliche, ¿no? Entonces, pues lo intentas…”
Kandido quería ser pelotari o futbolista: “Y he salido actor. Ni ganando, ni perdiendo. El azar o la necesidad me han traído por este camino, pero también he descubierto que hubiera podido ser muchísimas cosas más. Como cualquier persona, salvo la que esté obcecada en algo. Pero eso de pelotari, pues era una cosa infantil. Lo dices porque entonces se te da bien el deporte y ése es el que praticas, no la petanca”.
Karra tira por el basket: “Yo he vivido la mitad de mi vida en Vitoria. Y el Alavés no nos daba grandes satisfacciones, pero el Baskonia sí. Entonces, pues a través de eso vas conociendo jugadores, que si Rivas, que si Arlauckas, y acabas viendo NBA. Pero mira, yo de crío quería ser pelotari… o cura. Y me decía mi ‘ama’ que ni loco. Es que venían frailes al colegio y nos ponían diapositivas de cómo los niños del Orinoco estaban ahí con las tripitas hinchadas, bañándose en bolas con los cocodrilos y la hostia. Venían a captarte para ser misionero, yo qué sé, agustinos, jesuitas, marianistas… Cada fraile traía un hábito y un color distintos. Y yo decía en casa que quería irme porque lo que quería era aventuras”.
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– P. “¿Qué encontrará el público en ‘El Triplete’?”
– “A Karra, a mí… y las cenizas de Ezequiel”.
– “Un corto simpático que yo creo que es un homenaje a la amistad, a la lealtad o a los valores. Y también hay algo de rebeldía, ¿sabes? Son dos abuelos que están en una residencia, pero, me cago en la leche, todavía tienen energía suficiente para crearle problemas al director”.
– “¿Sabes por qué? Porque, mira, ayer me desperté… y habían pasado 40 años“.
– “¿En serio?”
– “Y todo por hacer. Eso es lo que nos pasa”.
– P. “¿Cómo se trata a la tercera edad?”
– “Mal, cada vez peor. Estamos apartando a los abueletes. O sea, antes un viejillo iba al banco, a la ventanilla, y decía: ‘Quiero 50 euros’. El otro día vi como le decían a una: ‘Señora, que tiene el cajero… ¿Tiene tarjeta?’ ‘Sí, pero…’ ‘¿Sabe la clave?’ ‘No me acuerdo’. Y como de malas maneras… Tío, ¿qué te pasa? Ahora un abuelo se quiere borrar de lo que sea y le dicen que mande un correo, que los operadores están ocupados. Después le mandan una clave que no se sabe si es un 6 o una G… una mierda. La tecnología está haciendo que apartemos a los abuelos de la vida“.
– “No sólo la tecnología. Los tecnócratas, con nombres y apellidos. O sea, los que administran, los que dicen cómo tienen que ser las cosas. Normalmente una persona muy lista, salida de la universidad, entre 30 y 50 años, que ha decidido que para facilitar y para ahorrar personal se necesita por ejemplo un chip para abrir la basura… De locos”.
– “Una persona de 80 o 90 años a día de hoy se encuentra con problemas técnicos en la vida cotidiana. Y no han tenido tiempo para adaptarse o no les ha salido de los huevos. Yo no tengo Facebook o no tengo Instagram y mi chica me dice: ‘¿Cómo alardeas de eso, puto animal?’ Yo soy analógico total”.
– “Y fumas…”
– “Y fumo. Sí, señor”.
– “Yo hasta hace poco…”
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Kandido lleva la conversación incluso a los desahucios: “Es que me da vergüenza hablar. Prefiero no decir nada, porque eso es muy fácil. ¿No estamos todos un poco hartos de hablar? ¿Qué hacemos? ¿A dónde llegamos? No llegamos a ningún sitio, creo que ni manifestándonos… ¡Qué vergüenza! Yo tengo mucho pudor de llevar cualquier pin o de hacer cualquier denuncia. Es jodido todo esto. Sólo me quedan la melancolía o la nostalgia”.
“Por eso digo”, interviene Karra, “que en el contexto del corto hay un homenaje a la lealtad y también un poco de rebeldía. Yo no quiero ni saber a cuántos abueletes los arruinan en las residencias. ¡A mí qué no me lleven! Que me tiren por un agujero antes“.
– “Se puede decir que se rebelan, pero también simplemente que quieren vivir. Y vivir es reír, es compartir… y si tienen que enfrentarse a alguien lo hacen, pero no por rebelarse, sino por vivir. Lo de antes parece un chiste, pero no lo es: ‘Ayer me levanté, pasaron 40 años y tengo todo por hacer’. Eso me pasa a mí ahora con 71 años y reivindico que tengo todo por hacer. Nos queda toda la vida por delante”.
Que así sea.


