Ni una mala cara, por Achraf Ben Ayad
Hamza se marchó a la concentración de Egipto habiendo jugado sólo cuatro minutos en Liga, pero su actitud desde el primer día siempre fue de diez. Ni una mala cara, siempre dándolo todo en los entrenos y aguardando su oportunidad con mucha paciencia. No es una situación fácil para un joven que necesita continuidad y que venía de disputar un Mundial, pero el sueño de llevar la camiseta del Barça era tan grande para él que se prometió a sí mismo luchar hasta el final por triunfar con la elástica blaugrana.
Hamza es un tipo tímido con un corazón enorme. Habla muy poco, pero su mensaje suele ser directo, como el día de su renovación cuando no dudó en mostrar su predisposición a bajar al filial cuando Flick lo considere oportuno. Así que no esperen nunca aquí una mala conducta porque estamos hablando de un chaval muy profesional que creció en medio de una familia deportista.
Recuerdo los primeros días en los que se empezaba a hablar de su fichaje. El Barça tenía un interés firme y en ese momento uno de los importantes jugadores del Ahly, concretamente el marroquí Bencharki, me escribió directamente para elogiar a Abdelkarim: “Tío, es un jugador con mucha proyección, muy centrado y maduro. Cúidalo por favor”. Y así lo demostró el que ya es conocido por muchos como “el Haaland del Nilo”. Aterrizó en Barcelona en silencio, trabajó al máximo y acabó aprovechando la pretemporada para situarse en el primer equipo. Hamza seguirá luchando por su objetivo y, aunque tenga curvas en el camino, jamás le veréis con una mala cara.
