nada es lo que parece
Seguro que muchos, especialmente los amantes del séptimo arte, ya la habéis reconocido: el film de 2013, protagonizado, entre otros ilustres, por Woody Harrelson, Mark Ruffalo, Michael Caine y Morgan Freeman. ¡Ahí es nada! La trama sigue a un agente del FBI y a un detective de la Interpol, que persiguen a un equipo de magos, que cometen atracos a bancos durante sus actuaciones, y recompensan a su público con el dinero. Fue un éxito arrollador en taquillas. Y, ¿a qué viene todo esto? Pues me vino a la mente el pasado domingo, mientras contemplaba el partido de la Real en Anoeta frente al Deportivo. Por un momento tuve la impresión de que estaba asistiendo a un espectáculo de características similares, en el que los artistas que actuaban en el escenario estaban llevando a cabo un número de ilusionismo, en el que nada era lo que parecía. Y lo curioso del caso es que, enfrentado a esa tesitura, no sabía muy bien cuál debía ser mi respuesta a lo que estaba contemplando. Por un lado, debo reconocer que estaba disfrutando con la locura que los futbolistas estaban escenificando en el verde. La frecuencia cardíaca disparada, síntoma inequívoco de emociones fuertes, que es, en esencia, lo que se espera de un espectáculo. Pero, por otra, es de justicia admitirlo, un punto de rabia y de indignación ante la falta de control que mostraban los nuestros, a pesar de lo ventajoso del marcador. ¿Cómo es posible bailar sobre el alambre, con el riesgo de caer, cuando sólo unos minutos antes parecías dueño y señor de la situación? Aquello no podía ser real; era una ilusión, puro artificio. ¡Pues hete aquí que no! Y lo malo del asunto es que lleva camino de convertirse en un hábito. Este equipo es bonito de ver, hace cosas, sorprende con latigazos precisos, pero que, lamentablemente, no acaban de ser decisivos, determinantes. Y cuando parece que el espectáculo ha concluido, parece empeñado en abrir puertas que no debería abrir, permitiendo que el rival regrese, interrumpa y amenace. El pasado domingo la moneda cayó cara, pero no siempre será así.
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Europa llama: dele la bienvenida
En esta oportunidad no se trata de ninguna famosa película, sino de un popular eslogan publicitario de los años sesenta y setenta, que se escuchaba en las emisoras de radio, para la comercialización a domicilio de los cosméticos de una empresa americana. Y pensé en si aplicarlo a nuestra Real y a su participación en competición europea. Pues nada, vamos a intentar ‘vender el producto’ nosotros también. Porque esta semana el equipo donostiarra retorna a los torneos continentales, algo que afortunadamente se ha convertido en una costumbre en los últimos años. Ya queda muy lejos aquel 18 de septiembre de 1974 en el que la Real debutaba en Europa recibiendo al Banik Ostrava de Checoslovaquia. 9 años más tarde, en abril de 1983, la Real escribiría su página más brillante en Europa, alcanzando las semifinales de la Copa de Europa frente al Hamburgo. Los txuri urdin ya no alcanzarían nunca esos niveles de excelencia, pero sí han convertido en una costumbre asomarse a la escena europea. Su coeficiente UEFA ha mejorado sensiblemente, se le percibe desde fuera como un equipo respetable y sigue buscando esos triunfos de prestigio. Europa no es un capricho, es una necesidad. ¡Démosle la bienvenida!

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Un central grande
Es, más o menos, lo que ya sabíamos de Mamadou Sarr, no en vano es el techo de la plantilla con 1,94m. Es evidente. Pero eso no significa necesariamente, ser un ‘gran defensa’. El pasado domingo frente al Dépor, el futbolista senegalés pareció querer demostrar que es algo más que un tipo grande, y que puede ser un gran defensa. Algunas de sus intervenciones resultaron determinantes. Ese es el camino.

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¿Quién jugará en el lateral derecho?
El carril derecho de la retaguardia realista ha sido, en los últimos tiempos, una de las vías más concurridas por diferentes futbolistas, que se postulaban como aspirantes firmes a la titularidad. La relación es larga, pero en los últimos meses Aramburu parecía haber tomado la delantera, y además, con autoridad. La llegada de Héctor Fort apuntalaba más esa demarcación. Pero, ¿quién jugará el próximo partido?
