Europa castiga la indulgencia, por Jorge Serrano
El regreso de la Real Sociedad a la escena internacional dejó un sabor de boca tan amargo como instructivo. Europa no te espera, no perdona los experimentos y, sobre todo, no concede indulgencias ante el fallo en el área rival. La escuadra txuri urdin pagó un peaje altísimo por regalar la primera mitad con una zaga desorientada, pero la cruda realidad es que, tras el descanso y con el regreso a la defensa de cuatro, la Real tuvo el partido en su mano para, al menos, haber rescatado un empate que habría cambiado por completo la lectura de la noche.
El fútbol continental premia la contundencia y castiga la falta de colmillo. La Real rozó la igualada en una segunda parte de dominio absoluto donde arrinconó al Bournemouth, pero el perdón en la cúpula del área terminó por sentenciar el choque. Orri Óskarsson dispuso de dos ocasiones clamorosas para batir la meta inglesa, haciendo gala de un desmarque de nivel pero fallando en el toque final. Otra de las más sangrientas estuvo en las botas de Gonçalo Guedes, quien no llegó a conectar un remate francamente claro dentro del área pequeña que ya se cantaba como gol en las gradas de Anoeta. Estuvo poco inteligente.
El gran objetivo de quedar entre los ocho primeros para evitar el cruce de dieciseisavos exige una efectividad quirúrgica. La Real pudo llevarse un premio mucho mayor tras el ajuste de Matarazzo, pero en este nivel las intenciones no suman en la tabla. Tocar a la puerta no basta: a Europa se entra derribando la puerta.
