El grifo infinito
No podemos caer en la trampa de normalizarlo. Es una tentación por la dimensión del jugador a pesar de su juventud y porque nos pesa en la memoria haber compartido paso a paso el viaje de Messi, el mejor futbolista de la historia. Es el privilegio de vivir cerca del Barça. Cuando acompañas los primeros pasos de Lamine Yamal, su superioridad futbolística natural, no tienes la sensación de ver algo nuevo. Todo tiene cierto aire de similitud con una época pasada. No por su manera de vivir el juego, sí por la facilidad para marcar diferencias. A veces sientes pánico por caer inevitablemente en la comparación, algo que no conduce a nada.
Lamine Yamal es una fuente permanente de producción ofensiva. Puede estar más o menos acertado, pero se juntan su calidad, creatividad y desequilibrio con su hambre competitiva y pasión por el fútbol. Cuando recibe el balón, reclama la atención porque transmite la seguridad de que puede cambiar el escenario. Ya sea con un regate, con un control, a través del pase, de la conducción, de la asociación o del remate. El Barça sabe que lo tiene abierto en la banda derecha para que el ataque posicional pueda conectar con él sin muchas ayudas defensivas a su alrededor.
Si eso no pasa, él sabe mejor que nadie que toca fijar y devolver el balón al otro lado. Sus cómplices disfrutan de su cercanía. Ya sea Raphinha para aprovechar sus invitaciones, como en Sevilla, Fermín para afilar el ataque con desmarques o Dani Olmo, que le sirve de trampolín. Ayuda a Eric Garcia para dar una salida limpia y deja que Rodri y Pedri cocinen la jugada antes de que llegue su desafío en el cara a cara contra el lateral, el uso del exterior de su zurda para buscar la espalda de la defensa o su trayectoria diagonal con la amenaza de la rosca. No sólo eso, tiene una intuición especial para el salto en la presión y la recuperación en la primera línea.
Si está en el campo, todo es posible. Si Lamine Yamal juega, la vida puede cambiar en una jugada. Si está picado, es peligroso; si está relajado y fluye, te vuelve loco; si está frustrado, tiene prisa para salir de ahí. Su ambición nunca descansa. El grifo ofensivo de Lamine Yamal es infinito, el mejor tesoro del ataque blaugrana.
Las caras no engañan
Más allá del revés del Madrid en el Metropolitano y quedar a seis puntos del Barça, lo que más llama la atención son las caras de sus jugadores. Desde la de resignación de Huijsen por una mala toma de decisión que marca el desenlace con el penalti y su expulsión; a la de frustración de Bellingham por revivir una escena ya vivida; pasando por la de desconcierto de Vinicius por ser sustituido a falta de media hora, un toque de atención a su jerarquía; o la de aceptación de la derrota de Mbappé, que le empequeñece mientras reclama premios individuales; como la de desesperación de Diomandé, solicitando compañía a sus aventuras; o la de conformismo de Courtois, cuando besa su escudo tras una derrota reincidente en el derbi. La de Mourinho no sé cómo calificarla, la de Florentino Pérez tampoco.
