el club espera una reacción de Íñigo
El Villarreal está viviendo el peor escenario posible que se le podía plantear cuando en su momento tomó la difícil decisión de cambiar de técnico. Y no era un cambio cualquiera. La marcha de un entrenador exitoso como Marcelino entrañaba sus riesgos, pero ni los más pesimistas hubieran imaginado estar en este momento de la temporada en la situación actual. Y, como en el fútbol está todo inventado, los focos apuntan a un técnico, Iñigo Pérez, obligado a dar un golpe de timón en las próximas jornadas si no quiere que la confianza que el club ha depositado en él, comience a resquebrajarse.
Tras el calamitoso partido ante el Betis, dónde tan sólo la actuación del portero Gulacsi evitó una sonrojante goleada, el Villarreal parece haber tocado fondo. Fue la imagen de un equipo incapaz, desaparecido y desarbolado en todas las facetas del juego como hacía años no se recordaba en La Cerámica. Y la de un técnico que no dudó en mostrar abiertamente su impotencia tras el final del partido con un nivel de sinceridad poco habitual en el mundo del fútbol: “La imagen es dañina para nuestra autoestima, para nuestra confianza. Nos hace daño esta sensación que genera la segunda parte, levantarse desde ahí es muy complicado. Como entrenador no puedes eludir la responsabilidad, es falta de capacidad del entrenador y tengo que mirarme a mí mismo”, afirmaba.
Iñigo Pérez en el partido contra el Atlético de Madrid en el Metropolitano
Pese a que las palabras del navarro puedan denotar hundimiento, quienes le conocen aseguran que nada más lejos de la realidad. Iñigo ha demostrado desde su primera comparecencia en Villarreal que no elude responsabilidades, más bien todo lo contrario. Incluso carga con culpas que son compartidas con la plantilla y se impone una exigencia muy alejada de la habitual autocomplacencia y las excusas habituales del mundo del fútbol. Es por eso que la ilusión con la que llegó al Villarreal se ha ido cargando de sufrimiento en estos dos meses al ver que el proyecto no arranca.
Apoyo del club pero exigencia de resultados
Iñigo tenía razón cuando afirmó que el partido ante el Betis ha dañado la imagen de un equipo del que él es el máximo responsable. Y también la suya por la involución que mostraron en el que fue el peor partido de la temporada. De momento sigue contando con el respaldo de un club que apostó por él para un proyecto a largo plazo, por lo que su puesto no corre peligro. Pero como en cualquier ámbito, la confianza es limitada.
En la entidad de la Plana no se plantea una medida drástica a corto plazo y esperan que el navarro revierta la situación. Esta semana quedan dos partidos ante Málaga y Levante en apenas tres días, y nadie habla de “ultimatums”.
Eso sí, repetir actuaciones tan calamitosas como la ofrecida ante el Betis y ver cómo los puestos europeos se alejan, dejaría al club ante una complicada tesitura con un largo parón de dos jornadas por delante que, de momento, nadie quiere plantearse. Por tanto, mantienen la confianza pero otro partido en Málaga como el del pasado lunes, dejaría tocado al técnico.
