El bigote de Lamine Yamal, por Albert Montagut
Siempre me han fascinado los jugadores que cambian de imagen cada dos por tres. Las metamorfosis de David Beckham fueron en su día un aire fresco para la Premier, y mucho más cercano en el tiempo fue el fenómeno Neymar Jr. Ney cambiaba de estilo constantemente, hasta el punto de que el propio Leo Messi se enganchó a la moda de teñirse el pelo, probar cortes distintos y tatuarse.
Neymar fue un jugador extraordinario y, a la vez, un enorme desperdicio para el fútbol. No supo focalizar su carrera y, aunque se mantuvo en la élite hasta el final, su despedida del último Mundial fue muy distinta de la que tuvo el argentino. Cuando la marca pesa más que la carrera, el talento se queda a medias y pierde fuelle.
Por eso es una declaración atrevida que Lamine Yamal señale a Neymar como su referente. Ha dejado clara su admiración por Messi, pero es el brasileño quien parece tener en mente el actual 10 del Barça cada vez que aparece en público, celebra un gol o se saca un regate.
Como Ney, Lamine Yamal experimenta con su imagen: si reuniéramos una colección de fotografías de los últimos tres años, veríamos a un chico a quien le apasiona la moda y que se transforma con peinados y tintes muy diferentes con una facilidad camaleónica.
Desde hace unas semanas LY10 luce bigote. En mi opinión, no le favorece y le hace parecer mucho mayor. Es un hecho: el bigote convierte a un chaval de 19 años, adolescente hasta el 13 de julio del próximo año, en la imagen de un jugador veterano.
Y ahí está la paradoja. El mundo del fútbol lo ha empujado a ser mucho más mayor de lo que es, y la espiral publicitaria, deportiva y mediática que lo rodea lo ha situado en un escenario que nada tiene que ver con su edad. La industria está acelerando su carrera y su precocidad está sometida a la tortura de los récords, los trofeos y las estadísticas.
Con su edad, sus números superan con creces los que tenía Messi a los 19 años en goles, asistencias y títulos. Ya es campeón de la Eurocopa y campeón del Mundo, ha peleado por dos Balones de Oro… y todo ello sin cumplir los 20. ¿La Champions? Por favor, ya llegará si ha de llegar.
Todo va demasiado rápido para Lamine Yamal, y quizá por ello, cuando las cosas no le salen bien, parece caer en una cierta tristeza que tapa la verdadera dimensión de su proeza.
El bigote es el reflejo de esa velocidad. Su entorno debería recordarle que disfrute de su adolescencia todo lo que pueda y que deje de demostrar, una y otra vez, que es uno de los mejores de la historia. Habría que evitar que crezca más deprisa de lo que le corresponde.
Yo le recomendaría que se recortara el bigote, que siguiera poniendo piezas de color en sus brackets, que siguiera tiñéndose el pelo, que siguiera bailando con sus compañeros de vestuario y que disfrutara de su fútbol bonito sin agobiarse si un día no marca o si pierde un partido. LY10 debería quedarse con la alegría de Neymar y ahorrarse el resto.
Las estadísticas del nuevo 10 del Barça son colosales y su irrupción en el mundo del deporte ha sido increíble y global. Lamine Yamal, el chaval, no debería dejar de serlo hasta que la biología decida lo contrario. Entonces no tendrá nada que lamentar de sus éxitos, salvo, quizá, que su adolescencia durara menos de lo que merecía.
