Argentina despidió a Messi con la palabra que resume todo: gracias

Argentina despidió a Messi con la palabra que resume todo: gracias

Gracias, gracias, gracias… La palabra resuena de todas las formas imaginadas, desde todos lugares y desde todas las voces, pintada en el cielo hasta por el show de drones. Resume a los argentinos Sub30 que nacieron y amaron el fútbol creciendo junto a él. Sintetiza también a los argentinos más grandes que gozaron con Maradona creyendo que nunca disfrutarían un futbolista semejante, a esos mismos que al final se rindieron ante su magia única aceptando que él es más grande que Diego y es el más grande de todos los tiempos. Lo que nadie deseaba está sucediendo. Se va Lionel Messi de la Selección Argentina. Es su despedida albiceleste.

Esa camiseta 10 desplegada sobre el césped en la previa con la palabra “Gracias” sobre el número, donde se escribe el nombre del futbolista, engloba todo. Es un país. Es el fútbol. Es la Selección hablándole al genio que ya no se vestirá de albiceleste. Es por su legado. Los jugadores de ahora y de siempre ya saben cómo defenderla, siempre jugando, siempre creyendo, siempre intentándolo de nuevo, siempre dando el ejemplo. Siempre como lo hizo Messi.

La emoción por lo que aquí ocurre y la nostalgia por lo que ya no volverá a ocurrir se chocan todo el tiempo. Conviven en un día inolvidable. En los hinchas de todas las edades. Y en Messi. En ese Leo que llora cuando ve la multitud que lo saluda al salir del predio de Ezeiza hacia el Monumental de River. En ese Leo que arenga a sus compañeros camino al campo de juego tratando de que crean que se jugará un partido normal: “Lo disfrutamos ganando, con la pelota, haciendo goles. Vamos…”.

Ese mismo Leo vuelve a conmoverse cuando se abraza con sus tres hijos antes de ingresar a la cancha. Y el himno, el último himno que escucha como jugador de la Selección, no lo canta para evitar lagrimear, para que no le pase lo mismo que a Lionel Scaloni. El 10 cierra los ojos por momentos. Se muerde los labios. La mirada le brilla.

Después, lo más fácil, aunque no sale tan simple como parecía: el juego. Benín lo juega en serio. El partido se detiene en el minuto 10 para homenajearlo con un aplauso. Messi quiere lo que todos queremos: su gol. Prueba un par de veces desde afuera, pero se lo saca el arquero. Define apenas desviado un gran pase con tres dedos de Lautaro. Ya en el segundo tiempo, el fenómeno le sirve el primero a Nico Otamendi (otro que se despide) y le da el pase del segundo a Nico Paz, el casi seguro heredero de la 10 que dibuja un gol como los de Leo.

Hasta que llega el grito más esperado. El de Messi, de penal. Su gol 126 en estos 208 partidos albicelestes jugados en sus 21 años de trayectoria seleccionada. Y estuvo cerca dos veces más. Y siguió buscando hasta el último tiro libre, el del minuto 93, que se le fue por arriba. Y se terminó. Leo de Selección se acabó.

Y el cierre es hermoso. Porque Messi no tiene nada para reprocharse. Hasta las emociones y las lágrimas se le agotaron. Se nota en su discurso final, más extenso que nunca. Porque dice que es el día más triste de su carrera, pero lo cuenta con total naturalidad, recordando a su padre, agradeciendo a todos sus compañeros (los de antes y los de ahora), anunciando que siempre estará junto a la selección, bajando un mensaje de unión, aclarando que no pasó nada raro en la final del Mundial ganada por España, aplaudiendo a los hinchas, sonriendo… Es la imagen de alguien que procesó todo lo que vive en este instante tan singular. Y se va de la cancha abrazado con su hijo Thiago. Gracias también por este final perfecto, Leo. Ahora viene lo peor. La Selección Argentina sin vos.

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