Romario, el genio del genio
Cuando su lengua sale de carnaval todo puede pasar. Es una prueba de vida para comprobar que Romario de Souza Faria (Río de Janeiro, 1966) está en forma como en los tiempos de garotas, plumajes, Ipanemas y noches sin alarmas de móvil. Su defensa de Cristiano Ronaldo en el conflicto con Jorge Jesús es el penúltimo océano en el que se mete este genio. “Su error fue no mandar a Jorge Jesús a tomar por culo”. Que tome nota la Real Academia.
Ahora ha sido CR7, esa montonera de fibra, el destino de su torrente verbal. En el rancho estrecho de personalidades diferentes es una alianza lógica. En el área necesitaba pocos metros para tronchar cinturas; fuera de ella, con unas pocas sílabas hacía bueno aquello de “paren las rotativas”, el eslogan del Antiguo Testamento del periodismo de olivettis, humo y cajoneras de las que huiría Butragueño.
No mira el carnet de identidad. Acostumbrado a situarse al nivel de Pelé, Maradona o Messi (o por encima), Romario no escurrió la tibia para golpear a Endrick tras el partido Brasil-Noruega que supuso la eliminación de los pentacampeones en el reciente Mundial. “Que se joda Endrick, tenía que haber metido ese gol”, declaró tras la clara ocasión que falló el madridista.
Endrick que se joda, tenía que haber metido ese gol a Noruega
La nevera holandesa y los mil goles
Como sucediera luego con Ronaldo, probó la excursión a la nevera de Eindhoven, al PSV patrocinado por Philips en tierra de atardeceres prematuros y de entrenamientos a -15 grados, antes de trasladarse al Mediterráneo, de Algeciras a Estambul, de La Masía al Camp Nou.
Romario defiende a Cristiano: “Su error fue no mandar a Jorge Jesus a tomar por culo”
Existe el Romario que marcaba un gol de vaselina en El Sadar tras recibir un pase de Laudrup mirando a Cantabria y el de los «¿compañeros? ¡Joder! Los compañeros, que se jodan. No les tengo que dar explicaciones sobre estas cuestiones. Cuando salgo de la ciudad deportiva soy el dueño de mi vida y hago lo que quiero», toda una declaración de amistad a los vecinos de vestuario en el Valencia.
Los compañeros que se jodan, fuera de la Ciudad deportiva soy el dueño de mi vida y hago lo que quiero
Conviven el gol de los mil y un relatos, el que llegó tras la cola de vaca a Alkorta, con los presupuestos generales de Romario, el que asegura que hizo en su carrera 1.002 dianas. Hay sospechas de que el pequeño diablo contabilizó hasta los que hizo en videojuegos.
Número arriba o abajo, diga la FIFA lo que diga, Romario celebra su registro. “Nunca me comporté como un profesional, nunca fui un atleta. Era un jugador de fútbol, pero nunca dormía como debía, no comía como un deportista, siempre llegaba tarde, no me entrenaba a fondo todos los días, ni respetaba los descansos, pero metí mil dos goles”.
Juerguista sin alcohol
Ese matrimonio con la fiesta, en horario de encendido de farolas, tahures, barristas y ludópatas, no le llevó, en contra del pronóstico, a los terrenos del alcohol. Lo suyo era el zumo de naranja y la Coca-Cola. Su programa electoral, ajeno a los pactos, era baile y goles. Y placer. “Si me despertaba con ganas, tenía sexo con mi mujer y después iba para el partido”.
Sabía hacer feliz a la gente, aunque fuera después de hacerse feliz a sí mismo. En ese empeño, fuera de agendas, normas, conos y paredes, es normal que colisionara con varios dioses del banquillo. Con el Barça aguantó temporada y media, desde el verano del 93 hasta el invierno del 95. Vivió el 5-0 al Madrid y el 5-0 de respuesta madridista.
25 años de la cola de vaca de Romario
Ahí, en la patria del rondo, se encontró con Johan Cruyff, alucinado por lo que presenciaban sus ojos, alguien con tanto desapego a la normalidad como él, un futbolista que habría cuajado en aquel Ajax irreverente de las patillas de medio metro.
Siempre llegaba tarde, no me entrenaba a fondo todos los días, ni respetaba los descansos, pero metí mil dos goles
“Es un genio dentro del área”, sellaba Cruyff tras los primeros días en el Barça. En ese almacén del atrevimiento en las piernas, un día le hizo un sombrero a Guardiola en un entrenamiento. Valdano, testigo desde Tenerife de aquella ola de ingenio, puso título de libro a Romario: “Es un futbolista de dibujos animados”.
La apuesta con Cruyff
De la complicidad se pasó a los volcanes. Romario era ingobernable tanto para los centrales como para los entrenadores. Hiddink, que le dirigió en el PSV, lo clarificaba: “Todos los futbolistas que tienen un don especial son conflictivos. Es el precio que tiene pagar el club”. Si Cruyff solicitaba hablar con él respondía vía intermediarios que le podía encontrar viendo partidos de tenis del Conde de Godó.
De la época dulce data la famosa apuesta. Romario quería irse al carnaval del 94. Cruyff le dijo que si marcaba dos goles le dejaba ir. Dicho y hecho, el brasileño sumó un doblete y en el descanso, con los billetes de avión en la espinillera, solicitó irse a la selva oficial de la fiesta. A Cruyff no le quedó mas remedio que aceptar.
La histórica vaselina de Romario a Unanua
Tras el Mundial del 94, con Romario campeón con Brasil, el brasileño, en su propia agencia de viajes mental, se negó a volver a Barcelona en la fecha convenida, el 1 de agosto. “Necesito más vacaciones”, reclamaba el brasileño. “Que vuelva cuando quiera, si es necesario entrenará con el filial. Si quiere romper su contrato haremos el negocio del siglo”, apuntaba Cruyff.
Entrenamiento en helicóptero
“Me retrasé porque me emocioné con las conmemoraciones. Y también echaba de menos a mi familia, mis amigos y mi playa”, aseguró Romario. En enero, tras aquel 5-0 del Bernabéu, en huelga de camaradería, se fue al Flamengo, apenas se despidió de los compañeros y en el mismo aeropuerto barcelonés se vistió con la camiseta de su nuevo equipo.
El segundo arrebato en la Liga española llegó en tiempo de tumbonas en 1996. Paco Roig, presidente del Valencia, viajó a Río para ficharle. Allí comprobó que Romario, al estilo estrella del rock, llegaba en helicóptero a los entrenamientos. Todo un anticipo.
La irrepetible exhibición de Romario y Guardiola
El problema para la adquisición rutilante del Valencia era que el entrenador era Luis Aragonés. “Por llamarse Romario no va a tener el puesto asegurado”, tocó de primeras como aviso el entrenador. Aquella batalla entre el casticismo, el barrio, el refrán y la pelliza con el bailoteo, la indisciplina, la parranda y el quiebro prometía episodios de dimensión universal.
O sigo yo o sigue Luis Aragonés. No puedo entrenar como un chaval de 20 años, vemos el fútbol de forma distinta
Los primeros escarceos no se retrasaron. En plena pretemporada, Romario se fue a Cullera a jugar al futvoley, una de sus aficiones favoritas. Luis tomó nota. La temporada comenzó y en partido de Champions ante el Bayern no le convocó. “O sigo yo o sigue él. Vemos el fútbol de forma distinta. No puedo entrenar como un chaval de 20 años”. Luis, con más pausa, sólo expuso: “Convoco a los mejores”.
Los rifirrafes más sonados de la historia: el “mírame a los ojos” de Aragonés a Romario
Días después, otra mañana de fuego. Las cámaras de televisión captaron cómo Luis Aragonés citaba al brasileño en el césped con estas palabras: “Mïreme a la carita, míreme a la carita. Míreme a los ojos…”. El futbolista espetó: “Me estoy entrenando bien”. De fondo, la sombra sobre la vida nocturna del delantero. Romario, con chubasquero retador al sol valenciano, no veía otra solución que un adiós que se precipitó en octubre.
En su oficio de derribar monumentos Romario no guardaba el hacha ni ante los mitos brasileños. Con Pelé, en una relación de altibajos, tampoco escondió el aguijón: “En el campo fue nuestro padre; fuera se podría meter un zapato en la boca”. Sobre Zico, símbolo absoluto del Flamengo, derrochó crudeza: “Es un perdedor nato. Perdió tres Copas del Mundo como jugador y una como entrenador”.
El puñetazo al Cholo
Para alguien nacido en una favela no es un acto de valentía haber propinado un puñetazo a Simeone en un Sevilla-Barcelona. Romario, suplente, entró en el césped con pirañas en la mente. El argentino utilizó su particular diccionario cada vez que se le acercaba y Romario, esta vez sin tangos ni jaranas, le sacudió. Roja directa.
El puñetazo de Romario a Simeone
Romario no pidió perdón: “Si te insultan a ti y a tu madre y te pisan… No tengo sangre de cucaracha. Hice lo que haría cualquier persona, aunque no lo debí hacer. Un futbolista tiene que dedicarse a jugar”. Competición le sancionó con cuatro partidos.
¿El puñetazo? Si te insultan a ti y a tu madre… No tengo sangre de cucaracha
Elegido senador hasta 2030 por el Partido Liberal de los Bolsonaro, Romario pidió la palabra para defender a Cristiano Ronaldo de manera gruesa. El genio no ha perdido el genio.

