Carlos Fernández ya no pertenece a la Real Sociedad
La Real Sociedad ha cerrado definitivamente la etapa de Carlos Fernández como txuri urdin. El delantero andaluz se marcha traspasado al Real Oviedo, firma hasta 2028, y pone fin a cinco años y medios como realista. La Real ha querido agradecer a Carlos “su compromiso, dedicación y profesionalidad mostrada durante las cinco temporadas y media que ha permanecido en el Club”, además de destacar que su trayectoria ha sido marcada “por la grave lesión que se produjo a los meses de llegar a Donostia”. El de Castilleja de Guzmán ha destacado por estar muy involucrado en el grupo incluso cuando no participaba en los partidos y el vestuario tenía una buena opinión de él.
La entidad donostiarra ha encontrado un destino importante para el jugador en un recién descendido como los asturianos, que refuerzan su delantera, que cuenta con Chris Ramos también. El Oviedo ‘ayuda’ a la Real, según transmite el club, al ahorro de la ficha que le quedaba al ariete en Donostia, que no era baja y era de un año, porque tenía contrato hasta 2027. Pese al temporadón que se marcó el curso pasado marcando 16 goles en el Mirandés, la edad (30 años), la trayectoria y el corto contrato han dificultado que los txuri urdin obtuviesen un botín mayor para paliar la inversión de 10 millones de euros que hicieron en enero de 2021, comprándolo del Sevilla. No hay pago por traspaso, ni pluses por rendimiento.
Una inversión a todas luces infructuosa, porque Carlos no ha brillado, no se ha encontrado, no ha sido titular y no ha marcado goles. No encontró el nivel que se le presuponía. Ha jugado solo 59 partidos en estos años con la Real, marcando solo cinco dianas. Ha tenido continuas lesiones, pequeñas y graves, que le han mermado, y eso, entre otras cosas, le ha impedido tener continuidad deportiva. Entre sus momentos recordados, entrar al final en la Copa de 2021 para ganarla sobre el campo, su importante golazo al Valencia para ganar en Mestalla en 2023, la recordada discusión con Bordalás o la roja ante la Roma por desesperación en Anoeta. Vio 17 amarillas en total, que hablan de su carácter sobre el verde. El curso que más jugó fue el de la 22-23, con 30 partidos entre los 3 torneos, y 1 gol, sin llegar a los 900 minutos. Se empezó a ir cedido cuando se vio que su etapa estaba acabada. En el Cádiz recuperó la continuidad pero sin marcar goles, y en el Mirandés se volvió a sentir estrella. Ahora tiene un reto diferente por delante en un equipo aspirante al ascenso.
