más allá de la victoria
Gran parte de mi trayectoria profesional estuvo centrada en investigar y trabajar para la promoción de valores en el deporte. Lo aprendí en la escuela gracias a un entrenador que tiene fuertes convicciones y una firmeza profunda entre lo que hay que hacer y lo que se hace, sin esquizofrenia, sin dualidad, y a quien muchos le agradecemos tanto que, incluso, rendí homenaje doblemente en mi universidad. Sería muy fácil escribir estas líneas sobre todo lo mucho que no nos ha gustado de esta Copa Mundial, de la falta de juego limpio y respeto a las reglas, de las injusticias de algunos arbitrajes, de las injerencias en los resultados, de la discriminación por raza o procedencia, de desigualdad en las oportunidades, de manejos políticos y comerciales, de intereses económicos, de desprecio absoluto a la sostenibilidad y que han desvirtuado lo que más nos gusta del deporte: el juego en sí mismo.
Pero, por otro lado, esta Copa Mundial ha traído algo que me parecía inalcanzable mientras investigaba y soñaba con que algún día lo vería; ha provocado repulsa, diría que casi universal, precisamente a lo que no nos gusta ver en el deporte. Protesta unánime a la falta de justicia, un grito a los precios abusivos con capacidad para convertir un simple partido de fútbol en la mayor discriminación económica jamás vista, un mundial para pudientes que pone en entredicho el deporte espectáculo.
Nos ha traído a España una verdad incuestionable, en un país carcomido históricamente por la envidia, por un enfrentamiento que va más allá de lo cotidiano, y que nos divide por el color de la piel, de las banderas, de las lenguas, por la procedencia, por la forma de llegar, y nos ha enseñado, insisto, que somos un país de diversidad en el color, en las creencias, y que aceptarlo es ponerlo en valor y hacernos más fuertes. Ha dejado claro la idea de trabajo en equipo con un mismo destino; que creer es el camino para trabajar con intensidad; que existe el compromiso; el control de las emociones para seguir luchando a pesar de las agresiones y las faltas de respeto; que el desafío es la mejor de las actitudes para afrontar las dificultades… Porque lo imposible nos da la oportunidad de demostrar nuestras fortalezas y deja fuera a los que no están en esta creencia y que, sin darse cuenta, se han convertido en lo que dicen odiar históricamente, pero no han respetado al otro, que no es más que el vecino de al lado, el nacido en la misma tierra.
Una gran lección de Psicología Social, el liderazgo es confianza, no significa imponer, sino convencer. Es dar oportunidades para trabajar juntos por un mismo destino. Frente a la crispación política, a la falta de liderazgo, a la supervivencia en el engaño… juego limpio, siempre de frente, trabajando con honestidad hasta el pitido final.
Beber de la fuente de valores, sin miedo a hablar de los mismos, sin vivir escondido, sin tratar de ser ejemplo, pero siéndolo, es como aprendí en mi escuela a creer en lo bueno que nos enseña el deporte. Las niñas y niños de este país, si las madres y padres, si la escuela ha entendido el mensaje, tienen la oportunidad de aprender lo que es correcto y lo que no es, lo que está bien y lo que está mal, que no todo vale para conseguir un fin, y si el mundo protesta desde Egipto a Cabo Verde, de Irán a Austria es que hay razones para ello, y hay que luchar para cambiarlo.
No hay más ciego que el que no quiere ver, y gracias a esta Copa Mundial que nos ha traído una gran lección, que ojalá la mayoría entienda lo que nos ha enseñado este capítulo de la historia del fútbol, que es pasión, amores y desengaños como la vida misma. Al fin y al cabo, no es más que fútbol.
José Carlos Jaenes Sánchez es Psicólogo del Deporte. Acreditado Catedrático. Universidad Pablo de Olavide
