Un gol y un final para la reflexión sobre la fragilidad defensiva
El Barça acabó perdiendo un Clásico que en la previa se presentaba como una ocasión de oro para darle un golpe al Real Madrid en la Liga y generarle una crisis enorme. Sin embargo, finalmente acabó perdiendo. Primera lección: euforias y agrandamientos, los justos contra los rivales potentes. Para más ‘inri’, la derrota llegó con un gol del Real Madrid rompiendo al espacio. Nada que no se supiese de antemano en el bando azulgrana pero que también se sabía en las huestes merengues: que el Barça de Flick es vulnerable porque con su línea avanzada deja espacios a la espalda de sus defensores. Y lo peor es que eso se ha convertido ya en un patrón que los rivales más poderosos exprimen a la perfección. También algunos pequeños, pero la potencia de fuego barcelonista se encarga de solventar partidos que se complican. Este año, sin ir más lejos, el Rayo se adelantó con una incursión a la carrera rompiendo al lateral derecho. Ayer Cubarsí no llegó por centímetros a una incursión de Camavinga. La diferencia es que al Rayo se le acabaron metiendo cinco. En cambio, al Madrid sólo se le pudo meter uno.
La jugada decisiva de la noche, la del 1-2 de Mbappé, llegó con una gran salida vertical de Bellingham, que con una virguería se la dio a Camavinga en vertical. El francés combinó de primeras con Güler y corrió como un poseso cuando el turco le metió la pelota en vertical, al espacio y con la derecha, su pierna mala. Gerard Martín no acertó a tapar el pase del turco, Rodri no siguió a Camavinga, que se coló entre el pivote y Balde, que lo siguió pero sin convicción ni fuerza, lógico dada su inactividad. Cubarsí intentó cortar pero no llegó a tiempo y Camavinga, con un ligero toque, se fue de él y pasó atrás a un Mbappé que llegó solo porque Cancelo, de nuevo, se despistó en su marca cuando era el que debía estar pendiente después de que ‘Cuba’ fuese a intentar detener a Camavinga.

Llueve sobre mojado. Otra vez un balón que rompe la línea de presión del Barça y da lugar a un gol en contra. Como en la eliminatoria de la Champions de la temporada pasada contra el Atlético. Cubarsí, expulsado en la ida en una carrera tras pase vertical a Giuliano Simeone. Eric, expulsado en la vuelta tras cortar en falta una arrancada de Sorloth tras otro balón profundo.
El empate ante el Madrid no era el mejor resultado antes del partido pero en el minuto 87 era lo que no se podía perder. Y si el Madrid te hace un gol tras una jugada de ensueño, a aplaudir. Pero llegó en una acción de cinco toques: Bellingham–Camavinga–Güler–Camavinga–Mbappé.
Tres salvadas al límite
Lo de fiar el éxito en partidos gordos a la presión avanzada a la defensa rival y a sus pasadores está bien ante equipos de calidad media. En la élite, si te conocen las carencias y hay pasadores de calidad para pillarte al espacio, te acaban pillando. De hecho, en la segunda parte el Barça tuvo tres jugadas en balones profundos del Madrid en que estuvo al límite. En el minuto 50, Gerard Martín frenó bien una contra de Mbappé. En el 54′, Balde salvó en el área otra peligrosa incursión blanca llegando desde atrás. Y en el 70′, Joan Garcia abortó otra contra blanca con una salida del área en que llegó al balón por muy poco.
La vulnerabilidad en Champions, mal síntoma
Si Flick tiene un estilo y no quiere cambiarlo, nada que objetar. Pero cuando tu sueño es ganar la ‘orejona’ y llevas 18 partidos de Champions seguidos encajando, mal síntoma. Y el Madrid y el Atlético son de Champions, también en la Liga. Quizás toca modular algo. Quizás. Lo que toca seguro es reflexionar.
