El Camp Nou, por Ernest Benach

El Camp Nou, por Ernest Benach

Esta semana se han cumplido 69 años desde que se inauguró el Camp Nou, un estadio histórico, por lo que representa, por lo visto y vivido, y también por lo que está por venir. De momento ya se ha anunciado una final de Champions y se especula con la posible final del Mundial del 2030, aunque el tema, en estos momentos, no pasa de quimera.

Tantos años dan para muchas anécdotas y situaciones vividas. Recuerdo los primeros partidos en los que pude ir al campo. Yo era un chiquillo e iba con mi padrino, que gentilmente de vez en cuando me llevaba con él. Y el campo me parecía una inmensidad, entraba en otra galaxia. Recuerdo el aroma de los habanos que se fumaban, y empezar a entender qué significaban aquellos colores. Imágenes, sonidos, olores… el imaginario del Camp Nou te marcaba para siempre.

De mayor, y ya socio de pleno derecho, mi asiento (ahora mismo muy añorado) se situó en el lateral segunda gradería y ahora me toca en cada partido un sitio diferente del córner del gol norte, un espacio difícil según el rival que toque ese día. Los del Feyenoord, por ejemplo, un auténtico grupo de hooligans que no pararon de tirar vasos llenos de cerveza. O, sin ir más lejos, el último partido de Champions ante el Atlético de Madrid en el que los seguidores colchoneros también tuvieron un comportamiento agresivo e indeseable.

Seguro que, con el nuevo Camp Nou acabado, todo esto podrá tener algún tipo de solución. Aparte de que el socio pueda recuperar su asiento histórico, sería bueno que se resolviera también cómo se da cabida a las aficiones rivales, y sobre todo, cómo se controlan las más agresivas. La historia y el futuro del estadio, lo merecen. La dignidad del socio, también.

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