Tercer cáncer de corazón y sigo vivo; nadie lo entiende

Tercer cáncer de corazón y sigo vivo; nadie lo entiende

Es el consultor de infraestructuras de la FIFA (“la faceta que menos se conoce, porque la gran mayoría de los proyectos en los que participo son confidenciales”), pero también el alpinista que subía ochomiles (“casi aprendí más de la montaña que de la universidad”). Es el subdirector de Valencia Innovation Capital (“quiero aportar a mi ciudad lo que he aprendido por el mundo”), pero también el ser humano que pelea contra un cáncer que no es el primero ni el segundo (“los médicos no tienen una explicación para mi caso, ésa es la realidad”).

Y es, además, uno de los candidatos propuestos para el próximo Premio Nacional Francisco Fernández Ochoa, dentro de los premios nacionales del Deporte, por una “vida entregada, de manera notoria, a la práctica, organización, dirección, promoción y desarrollo del deporte”

Los médicos no tienen explicación para mi caso; ésa es una realidad

David Rosa (consultor infraestructuras FIFA)

David Rosa Máñez es uno y son muchos. Visita la redacción de MARCA justo después de presentar en Madrid el ‘Porfolio de proyectos de infraestructuras futbolísticas FIFA Forward 2018-2026’… y lo primero que puede leerse ahí ya dice mucho sobre él: “Esta publicación no tiene fines comerciales, sus fines son únicamente divulgativos y de transferencia de conocimientos”.

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Su labor en FIFA, único español que la desarrolla, encuentra punto de partida hace casi una década: “Nadie regala nada y todo hay que trabajarlo, pero teniendo también un poco de suerte y de chispa. Yo ya conocía a Luis Cervera, que actualmente es el director general de Deportes de la Comunidad Valenciana. Habíamos trabajado juntos en el Valencia, teníamos una historia un poco común y, en una reunión de la ECA [Asociación de Clubes Europeos], la gente de FIFA le comentó que iba buscando un perfil que les ayudara a interpretar proyectos y a validar si tenían sentido o no. Cervera dio mi teléfono a Jair Bertoni, que es el director de desarrollo del programa ‘Forward’ para toda la región América. Y un día me llama y me invita a viajar a Paraguay para visitar una Ciudad Deportiva. Bueno, me testean un poco y yo a ellos también, porque era una relación que no sabíamos dónde iba a llegar, pero al mes y medio aproximadamente ya me ofrecen un contrato para que siga viajando con ellos por todo el mundo. Y así llevamos los últimos nueve años”.

No es habitual exponerse por lo mediático desde las entrañas de la máxima organización del fútbol mundial, así que Rosa pone especial empeño en explicar su trabajo: “Al final FIFA tiene muchísimo personal destinado a otro tipo de cosas, gestión de competiciones, jurídico, etcétera, pero no en un área tan específica como la construcción de infraestructuras. Estamos hablando de muchísimos miles de millones de euros al año por todo el mundo y hay que poner criterio. Ése es un poco mi rol, a veces el del poli malo. FIFA pone el dinero para que las infraestructuras se construyan y yo tengo que velar por que esas inversiones sean coherentes. Cuando vamos a países en los que nos presentan proyectos desmesurados, mi papel es el de aterrizar eso en algo que sea real y sostenible en el tiempo, que no hipoteque a la Federación en los siguientes 20 años por una infraestructura inmanejable…”

Mi rol en FIFA es el de ‘poli’ malo: velar por unas inversiones coherentes

Y es, o al menos era, una labor hasta cierto punto oculta: “Sólo la gente muy cercana sabe que viajo mucho y que hago muchos proyectos, pero incluso los amigos de mi mujer, por ejemplo, piensan que me dedico a otra cosa, que no puede ser verdad que realmente esté visitando tantos países del mundo solo para ver estadios. Empecé trabajando para la región América, porque por lengua era más fácil. No existían estándares y tuvimos que crear las guías de buenas prácticas para la construcción. Eso me ha llevado a tener ahora proyectos en 68 países y prácticamente todos los continentes, porque, esto es curioso, los únicos en los que he participado en Europa fueron colaboraciones puntuales con clubes de fútbol españoles. porque en teoría no podemos trabajar en la región de la que somos para no entrar en un conflicto de ‘compliance’ y este tipo de cosas que la FIFA regula”.

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Manejándose con infraestructuras y siendo español, más allá del matiz que acaba de introducir, resulta obligatorio preguntar a David por el Mundial 2030: “Voy a contestar a medias. Sí, evidentemente estoy trabajando en él, pero hasta que FIFA no revele mi posición yo no debo revelarla. Estoy implicado porque se lanzó una licitación para tener un grupo de consultores que ayudasen tanto con la Copa del Mundo de 2030 como con la de 2034 y porque nos presentamos un consorcio de cuatro personas con nombres y apellidos y lo ganamos. Esto lo puedo contar porque está publicado en la página web y no hay problema. ¿Entonces? Enseguida se sabrá, porque hay que preparar la candidatura en los próximos meses. Entonces estaré dando vueltas por los estadios españoles, sin duda”.

Son tiempos complicados para la institución, focalizados quizás en la figura de Gianni Infantino, pero Rosa defiende una tarea mastodóntica: “FIFA no sólo es la polémica que hay todos los días encima de la mesa sobre cuánto comercializa, cuánto no comercializa, cuánto genera, cuánto no genera, si la final va aquí o va allá… FIFA tiene actividad 365 días al año en muchísimos ámbitos diferentes, no solamente en el Mundial que vemos cada cuatro años. Entre ellas está el ‘programa Forward’ y estamos hablando de 2,25 billones americanos. Es una barbaridad de dinero y prácticamente nadie lo sabe. Por ejemplo hay una erupción de un volcán, esto es real, y toda la población se tiene que mover al sur de una isla. Y nosotros estamos ahí. Está Naciones Unidas y está la Cruz Roja… pero también está FIFA construyendo un campo de fútbol y garantizando que los chavales se duchen y desayunen todos los días. Que esto no se cuente es una verdadera pena, porque es real”.

Sí, trabajo para el Mundial de 2030… pero no debo revelar mi posición

Mucho antes de centrarse en el fútbol, sin embargo, David Rosa fue alpinista. Y de los buenos: Cho Oyu, Manaslu, Everest… “Ahora ya no, ahora tengo el corazón hecho una mierda y no puedo hacer grandes esfuerzos, pero, compaginada con los estudios, fue una etapa muy bonita de mi vida. Yo me planteo mucho el para qué estamos y el qué dejamos. Siempre he sido muy consciente de que lo primero es volver a casa. Si vamos a un ‘ochomil’, hay que volver. No podemos empeñarnos en subir la cumbre y que eso nos obceque, no nos haga ver la realidad de lo que estamos viviendo, para que acabemos palmando en una montaña. Y luego eso te lo llevas a cualquier aspecto de tu vida: no es nada especial, pero esa visión de cómo afrontar los retos, los problemas, la gestión de equipos… todo eso lo aprendí en la montaña. Ya sé que suena muy delicado y tal, pero mi vida es dedicarme a los demás, desde mis hijos hasta mis amigos, y aportar todo lo que pueda”.

Rosa formó parte hace 25 años de la primera expedición de la Comunidad Valenciana que hizo cumbre en la montaña más alta del planeta tras ascender por la cara norte… aunque él no alcanzara esa cima: “Llegué a la base del segundo escalón, aproximadamente a 8.600 metros de altura, y resulta que llevaba una botella de oxígeno que estaba vacía. Un dia antes no habíamos subido porque bajaba Juanito Oiarzabal, del grupo de ‘Al filo de lo imposible’, y había que ayudarlo, así que, cuando por fin salimos, la confusión de estar viviendo a ocho mil y pico metros me hizo subir la botella que no era. Tuve que renunciar a la cumbre”. Decisión que probablemente salvó su vida… pero que seguro salvó la de otra persona: “En cuanto me giro y empiezo a descender hay una repisa y me encuentro con tres rusos en condiciones francamente malas. Una de las cosas que te enseña la montaña es que, igual que un médico, tienes que evaluar a quién vas a salvar y a quién no. No puedes empeñarte en salvarlos a todos porque eso no es viable y vas a morir tú. Y, bueno, pues sí, conseguí que uno de los tres bajase, aunque nunca llegué a saber cómo se llamaba ni tuvimos oportunidad de volver a cruzarnos“.

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Por vivir, vivió hasta un secuestro exprés: “Es cierto. En el Manaslu, de una única noche y por parte de la guerrilla maoísta. Nos sacaron en helicópteros al día siguiente. Fue un rescate del ejército de Nepal tutelado desde España por nuestro gobierno. Eso fue en el año 2000 y ya estábamos gestionando millones de euros en expediciones, permisos, licencias… todo lo que que suponía moverse por el Himalaya de aquel momento, que el de ahora lo han monopolizado las agencias. Éramos muy jóvenes y posiblemente demasiado locos, pero eso se aplicaba para todo, porque con menos de 30 años ya estaba dirigiendo la Plataforma Tecnológica de la Industria del Deporte con el Ministerio de Ciencia e Innovación. ¿Qué hace un chaval siendo el director de una estructura nacional de ese volumen? Pues lo mismo: trabajar mucho y estar en el sitio adecuado en el momento adecuado”.

Introduce desde ahí el protagonista el emprendimiento o la innovación, que, premio honorífico Ciudad de València por su papel clave en la transformación de la ciudad como es, también lo han marcado desde lo laboral: “Mi primer contrato cuando acabé de estudiar Ingeniería fue en el Instituto de Biomecánica de Valencia, en su área de Deportes. De hecho, lo cuento muchas veces como anécdota, mi primer trabajo era probar botas de esquí. Para testar las que estaba desarrollando una marca italiana necesitaban que fuese a Pirineos alguien que además manejase la electrónica para poner sensores y hacer mediciones. Me pasé dos meses esquiando solo, haciendo descensos en la misma pista y con el mismo trazado… Luego trabajé muchísimos años en el Instituto como director de ese área de Deportes. Y, desde el punto de vista tecnológico, creo que lo que más me ha abierto la cabeza, y sin duda ha sido el gran salto, fue mi paso por el Global Sports Innovation Center, que es el centro de innovación de Microsoft para la industria del deporte. Ahí me focalicé muchísimo en la parte de estadios, especialmente para la Copa del Mundo de Qatar, pero esa parte del David innovador también viene desde el Himalaya: era yo el que manejaba la electrónica para conectar una PDA de aquel momento con un módem de 56k y enviar fotos a través del teléfono que teníamos”.

Afrontar problemas, gestionar equipos… todo eso lo aprendí en la montaña

En cuanto al cargo actual en Valencia Innovation Capital, conviene atender a la primera de las tres palabras: “Yo llevo Valencia en el ADN. Me emociono y todo, porque yo quiero estar en Valencia y aportar a la sociedad valenciana lo que he aprendido por el mundo. Siempre me he dedicado a viajar, pero mi base ha sido la ciudad y me hace feliz la oportunidad de trabajar allí”. Por ahí le duele la situación de un club en el que también se desempeñó: “Yo tengo contacto directo con la propiedad, la gente lo sabe y nadie me molesta por esto, porque también hay que tener en cuenta que venimos de un momento en el que había que vender el club porque la deuda era totalmente desorbitada. Cuando voy a Singapur sigo viéndolos, siempre nos mandamos algún whatsapp cuando hay algo interesante, pero creo que hay una parte desconocida que ellos no han sabido contar de lo que supone el Valencia Club de Fútbol desde el punto de vista de la propiedad. No han sabido penetrar dentro de la sociedad valenciana y es cierto que han tomado decisiones que no comparto, pero esto es algo que yo les digo a ellos a la cara, no me corto tampoco, porque creo que la amistad que tenemos se basa en que nunca nos hemos ocultado las verdades”.

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Y hasta aquí…

David está vivo, resulta evidente para el que ha escrito y para los que hayan leído los párrafos anteriores. Pero debería estar muerto. Y no resulta sencillo atender a esta parte de su historia, por mucho que su relato rebose naturalidad: “Soy el que tenéis delante. Éste es mi tercer cáncer de corazón. Los dos anteriores eran operables, pero hace tiempo que sé que el último no lo es. Luego tengo metástasis en arterias, pulmones y páncreas, y por lo tanto estoy en una fase de enfermo que ya está en paliativos y que lleva parches de morfina para vivir, aunque eso no me para demasiado y hoy estoy aquí. Los médicos no tienen explicación para mi caso, ésa es una realidad. De hecho hace poco tuve la revisión con el oncólogo y el cardiólogo y psicólogo… y todos ahí un poco en comandita. Se han vuelto locos, porque parece que ahora estoy revirtiendo el cáncer yo solo, sin ningún tipo de tratamiento. Y se plantean volver a tratarme con radioterapia o con algunas otras alternativas que ya habíamos descartado. Creo que he batido todos los récords posibles del Hospital de la Fe de Valencia: 136 sesiones de quimioterapia. Ya digo, mi tercer cáncer de corazón y sigo vivo. No me preguntes por qué, nadie lo entiende”.

Me duele mucho el Valencia, pero lo que no comparto se lo digo a ellos a la cara

Rosa abunda en su día a día con la enfermedad: “Es cierto que me ha hecho replantear la vida de muchas maneras, por ejemplo con mis hijos [Noel y Marco], con mi mujer [Rosa], con mis amigos, con todo lo que hago, pero me levanto todas las mañanas, trabajo, tomo mi medicación y tengo mis papeles arreglados porque algún día no me levantaré, pero no le doy más importancia porque si se la diera no haría nada. Aquí sigo y seguiré hasta que el cáncer quiera o hasta que yo quiera, no sé muy bien quién de los dos va a decidir primero, pero estoy muy satisfecho con todo lo que he hecho en mi vida. No hablo de legado, porque parecería prepotente, pero creo que el día que no esté los míos entenderán perfectamente que lo he dejado todo ordenado”.

David Rosa conmueve, en fin. El consultor, el alpinista, el emprendedor, el escritor, el candidato, el padre… la persona: “Yo me levanto todos los días pensando que tengo muchas cosas que hacer y que hay mucha gente a la que puedo ayudar para que tenga una mejor vida. Espero que así sea”.

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