Rodri impone el 4-3-3, por Domènec García
La aparición de Rodri en Mestalla supuso un salto de calidad que superó las previsiones para el equipo de Hansi Flick. La estampa del madrileño, con sus 191 centímetros de altura, ubicado por delante de los centrales, cerrando espacios y distribuyendo juego es un golpe de autoridad ante el rival.
Sin duda, y a la espera de los retos más difíciles que se avecinan, ha sido un gran acierto su fichaje porque aporta algo novedoso, que es un plus seguridad y confianza en el aspecto defensivo y para la sala de máquinas. Los Pedri, De Jong, Gavi, Olmo y Fermín tienen un marcado acento atacante y sufren y se desgastan físicamente cuando han de defender. Solo Bernal interpreta mejor la contención. La llegada de Rodri completa las necesidades defensivas de los medios. En Valencia se comprobó cómo Pedri y Fermín hacían diabluras -y goles- combinando con soltura con el trío atacante formado por Lamine, Raphinha y Gordon. Sabían que sus espaldas estaban bien cubiertas y que sus energías las gastarían en generar ocasiones.
El indiscutible Rodri ha puesto en bandeja a Flick -quizá sin querer- un cambio del habitual 4-2-3-1 por un 4-3-3, porque, además, el papel dinámico de Raphinha, con constante movilidad fuera del área, dista mucho de ser el ‘9’ clásico y estático que era Lewandowski. La movilidad del brasileño, con las de Lamine y Gordon, todos presionando tras pérdida, es una variante incómoda para la zaga. Solo faltaban los Pedri y Fermín alimentando esa catarata de fútbol. El nuevo 4-3-3, como en tiempos pretéritos, pinta muy bien.
