Marc Casadó no se merece un verano así en el club de su vida, por Xavier Bosch
Ya antes de la irrupción estelar de Xavi Espart (como lateral o como mediocentro), ya antes de saberse que la lesión de De Jong iba para muy largo, ya antes del fichaje relámpago de Rodri, Marc Casadó sabía que Flick había dejado de contar con él.
Mucho antes que el entrenador se lo dijese personalmente, el de Sant Pere de Vilamajor ya vio, la temporada pasada, que participaba casi en el mismo número de encuentros que en la primera de Flick pero que sus titularidades bajaban a la mitad respecto al año anterior y que el número de minutos se desvanecía. Al mal tiempo puso buena cara, no generó ni un lío y entrenó como el que más. De nada le sirvió.
Estaba claro que pasaba a ser el último de los centrocampistas de una plantilla que rebosa talento en esa posición. Así pues, toca buscarse la vida fuera del Barça porque así es este negocio. Por más que uno sea culé de cuna y por mucho que sea el primer futbolista del siglo XXI a ir a celebrar los títulos a Canaletes por ser un auténtico forofo, la decisión técnica del entrenador hay que respetarla.
Eso sí, este verano ha faltado tacto -y memoria- en el trato a Casadó. Alguien que le sacó las castañas del fuego a Flick en el primer año, no se le debería haber apartado de los entrenos, ni con el argumento que era para preservar su salud, que no se lesionase y que no se le pudiese vender como le pasó a Roony. Feo.
Mientras esté en el Barça, Marc es jugador de la plantilla del primer equipo… como se demostró en la presentación antes del Gamper. Solo hubiera faltado que no le hubiesen dejado saltar al césped. Por cierto, un respaldo a Casadó por parte de los capitanes o de sus compañeros campeones del mundo no hubiera estado de más.
