11 May

La imagen del final con los jugadores cabizbajos retirándose del campo de juego, el entrenador con gesto abatido y la gente indiferente, casi resignada, fue una pintura exacta del momento que vive Villa San Carlos en el torneo de la Primera B Metropolitana. La derrota como local y con goleada incluida frente a Talleres de Remedios de Escalada abrió un abanico grande de interrogantes en el horizonte de un ‘villero’, que profundiza su crisis futbolística. El ‘cele’ pasó de la ilusión a la desazón en un puñado de partidos.

Tres a cero marcó la chapa final, y será parte de la estadística con el paso de los días. Los tres cachetazos que le asestó el conjunto del Gran Buenos Aires, más allá de sepultar las expectativas por pelear un campeonato que prácticamente lo tenía en un papel de reparto –y al que todavía le quedan seis fechas-, desnudó el mar de fondo que hay en el club de Berisso.

La debilidad que mostró el equipo de Ingrao, se tradujo en el resultado y pero más aún en el juego. Las sensaciones de ese puñado de hinchas que se acercaron al Genacio Sálice a alentar al ‘celeste’, parecían una representación cabal de lo que el equipo entregó en el campo de juego. San Carlos se expuso frío, como el final de la tarde cuando bajó el sol. Alarmante.

No lo despertó el gol de Ezequiel Vidal cuando se jugaban 14’ del primer tiempo, y el partido recién arrancaba. El flojo nivel individual y colectivo se prolongó durante los noventa minutos, y Talleres –que supo aprovecharse de un equipo apático-, lo liquidó jugando con uno menos –fue expulsado Marcos Giménez- durante el último cuarto de hora. Eloy Pereira y Facundo Vera, decoraron el resultado en los cinco finales.

Hablar de nombres propios en una derrota como la de esta tarde sería injusto porque no hubo un jugador vestido con la celeste y blanca que diera la talla. Mal en el fondo, en el medio y adelante. Sin compromiso, sin entrega, el once ‘villero’ casi que se arrastró por el maltrecho césped del Genacio. Villa San Carlos nunca fue un equipo, y eso se reflejó en el marcador.

En ese contexto, aparece la figura de un entrenador cuestionado, que evidencia no encontrarle la vuelta al equipo, y que pasó de tener la cabeza en la lucha por el campeonato a decir que el objetivo de Villa San Carlos es “llegar a 25 puntos”. Lo cierto, y con el mal de las lesiones a cuestas, es que Ingrao no sólo no logra encarrilar la situación, sino que además, por los pasillos del Genacio, son varias las voces que aseguran que “los jugadores ya le soltaron la mano”.

La dirigencia se mantiene en silencio, aunque por lo bajo ya comenzaron a circular los primeros nombres de posibles entrenadores para suceder a Ingrao una vez que finalice la competencia. Ningún dirigente ‘off the record’ salió a bancar al DT que pareciera tener las horas contadas. A confesión de parte, relevo de pruebas.

La próxima parada para San Carlos en el sprint final del campeonato será el próximo sábado, cuando reciba en Berisso al Deportivo Español. La obligación del equipo será borrar la pálida imagen que dejó esta tarde y sumar de a tres pensando en estar tranquilo con el promedio del descenso durante la próxima temporada.

Foto | Pablo Cabrera

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